sábado, 4 de diciembre de 2010

Ese loco juego de ecribir

Quería ser beisbolista. Sentir en la piel y dentro de un campo el suspenso-miedo-angustia-esperanza de lanzar un strike en el último inning del último juego de una Serie Mundial. Quería oír su nombre coreado por 50 mil o más fanáticos en el Yankee Stadium mientras él los saludaba con una gorra en la mano y una sonrisa de ¿vieron que podía?, después de haber humillado a Joe Dimaggio y Mickey Mantle, por ejemplo. O batear un home run con las bases llenas.
Sin embargo, se quedó en el asfalto, y desde allí inventó personajes desolados que querían acabar con el mundo, detectives por azar, asesinos por convicción, magos por necesidad, tramas que lo envolvían desde su humor, álter egos y niños fantásticos que aprendieron a volar. Desde allí y con un lápiz, siempre con un lápiz, creó un juego de mesa de béisbol para sobrevivir, una novela policíaca estructurada por innings, outs, bolas y strikes a la que tituló Squeeze Play, y un pitcher de los St. Louis Cardinals a quien intentó suicidar.
Pero él quería ser beisbolista. Amaba a los jugadores. Podía morir por ellos.
Una tarde de 1955 se encontró de frente con Willie Mays en el estadio de los Gigantes, que por aquellos tiempos eran de Nueva York. Paul Auster era apenas un niño de 8 años. Vio a Mays recostado contra una barda. Lo vio inmenso, negro, sobrepoderoso, un hombre que era mucho más que un hombre. Le pidió un autógrafo. Mays le preguntó si tenía un lápiz para firmarle.
Él buscó, pero no encontró entre sus ropas nada. Indagó con su padre, con los adultos que estaban por ahí. Nada. Nadie tenía ni lápiz ni pluma. Mays aguardó 20, 30 segundos. Un minuto. Miró a lo lejos. Observó al niño. Se encogió de hombros. Por fin, le dijo “Lo siento, niño”. “Si no tienes lápiz, no puedo darte un autógrafo”. Y entonces —escribiría con los años Auster— se fue caminando, fuera del campo, hacia la noche.
“Después de esa noche, comencé a cargar un lápiz conmigo a cualquier sitio que iba. Se convirtió en mi hábito nunca dejar la casa sin estar seguro de llevar mi lápiz en mi bolsillo (…). Si algo me han enseñado los años ha sido esto: si hay un lápiz en tu bolsillo, existe una buena posibilidad de que algún día te sientas tentado a usarlo. Como me gusta decirle a mis niños, así fue como me convertí en un escritor”.

Paul Auster

esper algun dia ser al menos la mitad de escritor de lo que es Paul Auster, por eso aunque no cargo u lapiz en mi bolso, me siento abierto a escrbir de lo que me venga en mente

Este es un pequeño escrito de las cosas que el dia de hoy me incitan a escribir, se que tampoco es la mejor forma de hacerlo (de madrugada y con unos tragos encima) pero asi fue como me acerque a mi ultima novia y funciono entonces algo no esta tan fuera de lugar, digo aun no veo las letras dobles.

hace tiempo que me sentia con ganas de hacer esto, hoy lo comparto con todos ustedes, abierto a opiniones criticas y mas aun a descalificaciones, pero se que al menos me atrevi a hacerlo, en este blog hablare de literatura, musica, arte grafico y demas cosas que me interesen, no me casare con ningun estilo, hoy puedo hablar de lo mejor de la musica como mañana puedo hablar de anime y despues de tecnologias olvidadas, pero lo que espero es desprenderme de algo de todo lo que he recibido en los ultimos tiempos, que se que si no lo hago voy a reventar, al menos yo no puedo recibir tanta informacion sin dar algo a cambio y en los ultimos meses he recibido mucho mas que en 4 años asi que me siento en la obligacion de dar algo a los demas.

sin decir mas dejo esta primera entrada para que la lean, la critiquen, despedacen o hagan lo que crean pertinente con ella, espero hacer al menos una entrada a la semana y lo proximo que hare y eso lo pongo como amenaza es lo mejor en la musica del 2010 y de la decada asi que si gustan hacer alguna colaboracion sera bienvenida

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